Tapa del libro: fondo negro partido por una grieta naranja, el título BRECHAS en tecnologías digitales, la bajada «22 formas encadenadas de una misma desigualdad. ¿En cuál estás?» y el nombre de Diego F. Craig.
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Brechasen tecnologías digitales

22 formas encadenadas de una misma desigualdad. ¿En cuál estás?

Durante años nombramos la desigualdad digital con una sola palabra: acceso. Hoy casi todos tocamos una pantalla y la distancia se corrió hacia adentro: del cable a la competencia, del dispositivo al criterio y, con la inteligencia artificial, del criterio a la autonomía.

102 páginas 2026 · edición ampliada PDF 3,4 MB Creative Commons

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La idea

La brecha no es una.
Son veintidós, y se resuelven en orden.

No sirve tener una computadora si no hay conexión para encenderla; no sirve la conexión si la persona solo sabe abrir tres aplicaciones; no sirve manejar el dispositivo si, frente a una IA, no encuentra las palabras para pedirle lo que necesita ni el criterio para evaluar lo que recibe. Cada desigualdad resuelta deja ver la siguiente.

Pensar la brecha como una sola conduce a respuestas de una sola medida

Del tipo «entreguemos computadoras», que fracasan justamente porque el problema nunca fue uno solo. Casi todos los fracasos de inclusión digital de las últimas décadas se explican por haber atacado una forma salteándose las anteriores.

La pregunta útil no es si alguien está adentro o afuera, sino en qué número está parado

Si el problema es el equipo, si es el dato, si es el tiempo, si es la palabra o si es el criterio. Casi siempre la respuesta es un número más bajo del que se supone, y casi siempre alguien intentó ayudar desde un número mucho más alto.

Los números no etiquetan personas

Nombran distancias entre una persona y un entorno que no la contó. Por eso todas las respuestas le piden algo a alguien más, no solo a quien está del lado difícil.

«Primero lo puramente humano. La tecnología, y la IA en particular, valen como amplificadores del esfuerzo y del criterio de una persona, no como sustitutos.» El principio que ordena el libro
Las 22 preguntas del libro

¿En qué número estás parado?

Las preguntas del cierre del libro están redactadas para hacerse en voz alta, y en orden. Se empieza por la 1 y se avanza hasta encontrar la primera que no tiene una respuesta clara: ahí está parada la persona, y ahí hay que trabajar, no más adelante. Podés contestarlas por vos o pensando en alguien a quien querés ayudar.

Pregunta 1 de 22 Brecha 1 · Dispositivos

¿Hay un equipo que sirva para lo que hoy se exige?

Nada de esto se envía a ningún lado: las respuestas viven en tu navegador y desaparecen al recargar la página.

El mapa completo

Las 22 formas, una por una

Para cada una, la pregunta que la revela en la vida de cualquier persona, la dirección principal de la respuesta y situaciones reales tomadas del libro. La lectura correcta no es de arriba hacia abajo sino en cadena.

Infografía del libro con las 22 brechas numeradas, cada una con su ícono y una línea que la resume, en dos columnas: de Dispositivos a Delegación y de Habilidades a Independencia.

La lámina de las 22 brechas

El autor autoriza expresamente la reproducción de este apartado con fines educativos o comunitarios, citando la fuente, «porque está pensado para circular». Sirve para imprimir y colgar en una sala de profesores, un centro de jubilados, una oficina de atención al público o un aula.

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Las formas materiales

Brechas 1 a 6

El equipo, la energía y la conexión. Lo que se tiene o no se tiene.

Dispositivos ¿Hay un equipo que sirva para lo que hoy se exige?
Ilustración: a un lado de una grieta, varias personas se asoman al mismo teléfono; al otro, un escritorio con computadora, tableta, auriculares y un enchufe disponible.

Qué la reduce

Se reduce con dispositivos adecuados, actualizados y suficientes por hogar.

En una línea

Tener «una» computadora no equivale a tener acceso: un aparato compartido es una brecha compartida, que se turna.

Cómo se ve en la vida real

  • Bruno Maidana cursa cuarto año en una escuela técnica de Rawson, en Chubut, y hace las prácticas de programación en el celular de su madre, que trabaja como repartidora y lo necesita conectado durante el día, de modo que entrega los trabajos después de las once de la noche, cuando ella vuelve.
  • Ramona Escalante, de 68 años, vive en una localidad rural del oeste de La Pampa con un teléfono que su nieto le configuró hace seis años y en el que ya no entra la actualización de la aplicación del banco, así que cada mes viaja media hora hasta la sucursal para cobrar la jubilación.

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Mantenimiento ¿Se puede sostener el equipo funcionando mes a mes?
Ilustración: un taller de reparación con herramientas, repuestos y equipos abiertos sobre la mesa; alrededor, teléfonos y notebooks esperando arreglo.

Qué la reduce

Se reduce con reparación, recarga y reposición asequibles.

En una línea

Estar conectado no es un estado: es una racha que dura lo que dura la batería, la pantalla o la recarga.

Cómo se ve en la vida real

  • Yamila Ferreyra, de 19 años, estudia enfermería en Tandil y arregló la pantalla de su teléfono en un local informal porque era la única reparación que podía pagar; el equipo volvió a fallar a los dos meses y quedó libre en dos materias sin haber dejado de estudiar un solo día.
  • Norma Villalba, de 61 años, trabaja por horas en las afueras de San Salvador de Jujuy y se quedó sin su único teléfono cuando dejó de encender hace cinco meses, porque la reparación cuesta más de lo que puede juntar; desde entonces no pudo sacar un turno médico que solo se pide por aplicación.

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Energía ¿Hay electricidad confiable y un lugar donde producir?
Ilustración: a la izquierda, alguien con un teléfono en un cuarto oscuro bajo una lámpara colgante; a la derecha, un escritorio iluminado con panel solar, batería cargada y buena luz.

Qué la reduce

Se reduce con la infraestructura básica que precede a todo lo digital.

En una línea

La brecha empieza en el tablero eléctrico y en el metro cuadrado disponible para estudiar o trabajar.

Cómo se ve en la vida real

  • Débora Ancasi, de 27 años, comparte una habitación con tres hermanos en un barrio de Salta y no tiene una pared ni un silencio que mostrar en una videollamada, de modo que se presentó con la cámara apagada a dos entrevistas laborales y no la llamaron de ninguna.
  • Carla Zalazar, de 44 años, vive en Villa Mercedes, San Luis, y dejó de encender la computadora de la casa para estudiar de noche porque la factura de luz de dos meses le comió el presupuesto de la comida; hoy hace todo en el teléfono y entrega la mitad de lo que entregaba.

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Conectividad ¿La conexión del hogar tiene velocidad y estabilidad reales?
Ilustración: una ciudad conectada por cables de luz a un lado de un cañón profundo; del otro lado, un caserío rural con una antena satelital y un grupo de personas mirando hacia la ciudad.

Qué la reduce

Se reduce con infraestructura donde el mercado no invierte.

En una línea

La tecnología nueva llega siempre primero a donde menos falta hacía.

Cómo se ve en la vida real

  • Hipólito Cuéllar, de 63 años, tiene una chacra en un paraje de Río Negro donde ninguna empresa tiende cable y el celular solo engancha señal en el alto del camino; averiguó por Starlink, hizo la cuenta del equipo, que le sale casi el 80 % de lo que factura en un mes bueno, y la dejó para más adelante.
  • Ludmila Zaracho, de 34 años, trabaja como administrativa desde su casa en una localidad de Misiones: la fibra llegó hasta seis cuadras antes de su cuadra y el cablemódem que le queda rinde cuatro megabits y se corta cuando llueve, así que antes de cada reunión les pide a sus dos hijos y a su hermana que no toquen el wifi.

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Gigas ¿El dato alcanza, o se administra con inquietud?
Ilustración: a un lado de la grieta, alguien sentado mira el teléfono con la barra de datos casi vacía; al otro, un escritorio con la señal completa y varios dispositivos sincronizados.

Qué la reduce

Se reduce con datos suficientes para producir, no solo para consumir.

En una línea

Quien administra cada megabyte deja de explorar, y sin exploración no hay aprendizaje digital posible.

Cómo se ve en la vida real

  • Rocío Vera, de 21 años, estudia un profesorado en Corrientes con un prepago que paga por gigabyte más caro que el abono de cualquiera de sus profesores; la semana pasada no se animó a probar la herramienta que le recomendaron en clase porque no sabía cuántos datos le iba a consumir.
  • Brenda Luque, de 29 años, comparte en González Catán una casa donde los cuatro teléfonos viven de recargas y los gigas del mes se terminan alrededor del día 20; los últimos diez días internet queda reservado a lo imprescindible, y lo imprescindible lo define quien tiene el saldo.

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Promociones ¿Lo gratis es el entretenimiento y lo caro es producir?
Ilustración: un puesto que regala video, música y mensajería con carteles de «+GB», rodeado de gente joven; enfrente, un escritorio donde estudiar y trabajar sí consume datos.

Qué la reduce

Se reduce con tarifas que no penalicen los usos productivos.

En una línea

Es la única forma de la brecha que no está en la persona ni en su casa, sino en el diseño comercial del servicio.

Cómo se ve en la vida real

  • Enzo Villagra, de 17 años, termina la secundaria en San Juan con una promo que le regala las redes y la mensajería pero cobra el resto de internet; el grupo de la escuela le llega gratis y el campus virtual no, así que recibe la tarea por WhatsApp pero no puede entregarla.
  • Vanina Ríos, de 38 años, busca empleo en Caleta Olivia con las redes liberadas de su prepago: los avisos de trabajo le aparecen gratis en el teléfono, pero el formulario y el correo para postularse consumen datos, así que contesta «me interesa» en los comentarios y espera a juntar saldo.

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Las que viven en el teléfono

Brechas 7 a 9

Acá ya no falta el aparato: falta salir del que se tiene.

Encierro ¿Se produce, o solo se consume, desde el celular?
Ilustración: varias personas encerradas dentro de la silueta gigante de un teléfono, cada una con su propia pantalla; al lado, un escritorio con computadora vacío y esperando.

Qué la reduce

Se reduce mostrando la otra manera de producir y dónde practicarla.

En una línea

El teléfono es el primer medio de acceso de casi todos. Conviene nombrarlo con precisión: es un punto de partida, no un destino.

Cómo se ve en la vida real

  • Matías Aguirre, de 26 años, atiende un comercio en Godoy Cruz y en su casa hay una notebook que casi no se enciende: el currículum lo armó con los pulgares en una nota del teléfono y lo manda pegado en el cuerpo del correo, sin formato, cada vez que aparece una búsqueda.
  • Kevin Barrios, de 20 años, cursa una tecnicatura en la Ciudad de Buenos Aires con una biblioteca llena de computadoras libres, pero escribe los parciales domiciliarios con los pulgares, de a párrafos sueltos en un chat consigo mismo, y los entrega sin releer, porque releer en esa pantalla cansa.

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Organización ¿La información propia está ordenada y copiada en otro lugar?
Ilustración: alguien con la cabeza entre las manos rodeado de papeles y fotos sueltas que se caen; al otro lado del puente, un escritorio con carpetas rotuladas, cajas ordenadas y una copia subiendo a la nube.

Qué la reduce

Se reduce aprendiendo archivos, carpetas y respaldo.

En una línea

Quien no organiza, no acumula. No es un problema de prolijidad: decide si el uso deja algo o no deja nada.

Cómo se ve en la vida real

  • Julieta Paz, de 22 años, estudia abogacía en Santa Fe y nunca supo dónde guarda sus trabajos: escribe el nombre en el buscador y el archivo aparece, hasta el día en que no apareció y volvió a escribir entero un final de treinta páginas que estaba, supo después, en la carpeta de descargas con otro nombre.
  • Verónica Acuña, de 44 años, da clases en dos escuelas de Oberá y produce material propio desde hace quince años, pero nada le quedó: entre teléfonos rotos y chats vencidos, cada marzo vuelve a escribir las guías que ya escribió, porque lo que no se ordena no se acumula.

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Atención ¿Puede la persona sostener el foco el tiempo que exige verificar?
Ilustración: un grupo apretado bajo una lámpara, rodeado de notificaciones, alarmas y burbujas de chat que estallan alrededor; enfrente, alguien trabaja solo, con el teléfono en silencio y la pantalla apagada al costado.

Qué la reduce

Se reduce con gestión deliberada: apagar, silenciar, elegir cuándo.

En una línea

La atención no es una virtud del carácter: es un recurso material, y está peor repartido entre quienes menos tienen.

Cómo se ve en la vida real

  • Daniela Romero, de 33 años, limpia casas en Ushuaia y a la noche cursa el secundario: para estudiar le queda una sola hora por día, pero las señoras que la contratan escriben a cualquier hora y se enojan si no responde enseguida, así que la pasa mirando el teléfono cada dos minutos: la hora la tiene, pero se le va en pedazos.
  • Sonia Maldonado, de 47 años, administrativa en una oficina pública de Paraná, salta todo el día entre el correo, los tres grupos del trabajo y el sistema de turnos: hace años que no lee un expediente de corrido y conoce los trámites por los primeros renglones.

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Las formas de la edad

Brechas 10 y 11

Ninguna de las dos vive dentro de la persona.

Accesibilidad ¿La interfaz cuenta al cuerpo que envejece?
Ilustración: una fila de personas mayores frente a arcos con símbolos de anteojos, candado, alerta, engranaje, pregunta, batería y wifi cortado; abajo, otras personas mayores usan tabletas y notebooks acompañadas por alguien que les muestra.

Qué la reduce

Se reduce diseñando para todos los cuerpos y activando la accesibilidad que ya viene instalada.

En una línea

La barrera no la produce el cuerpo: la produce el diseño que no lo contó. Y casi toda la solución ya viene instalada en el teléfono.

Cómo se ve en la vida real

  • Alida Barraza, de 74 años, jubilada en Venado Tuerto, sabe de memoria los pasos del home banking pero no puede con el código que llega por mensaje: ir de la aplicación al mensaje y volver le lleva más de los treinta segundos, y el código vence antes de que ella logre volver a la pantalla del banco.
  • Elba Ruiz, de 69 años, de Santa Rosa, lee los mensajes de sus nietos con una lupa de mano que compró en la farmacia, y en un año nadie le abrió el menú de configuración: la letra grande estaba a cuatro toques de distancia, con la lupa arriba de la mesa.

Las formas de la edad · Situaciones basadas en la vida real de personas reales; los nombres y los contextos fueron cambiados por privacidad.

Delegación ¿Alguien enseña despacio, o alguien resuelve rápido?
Ilustración: un joven maneja el teléfono de un hombre mayor que mira sin poder seguirlo; al otro lado del puente, dos personas trabajan sentadas a la par, con la pantalla compartida entre las dos.

Qué la reduce

Se reduce acompañando y dejando hacer, no haciendo por el otro.

En una línea

Hacerle las cosas a un mayor es ayudarlo hoy. Enseñarle despacio es ayudarlo para siempre. Casi todo el mundo elige lo primero porque es más rápido.

Cómo se ve en la vida real

  • Rogelio Ferrari, de 79 años, de Bahía Blanca, pregunta desde hace cuatro años cómo se manda una foto: el nieto se la manda él en diez segundos, Rogelio asiente mirando una velocidad que no puede seguir, y todavía no mandó una foto solo.
  • Isolina Cabrera, de 84 años, de Comodoro Rivadavia, aprendió con la hija que se mudó lejos: una videollamada por semana, un solo gesto por vez, con permiso para equivocarse, y en seis meses avanzó más que en diez años de que le hicieran todo.

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Las del saber usar

Brechas 12 a 16

Se puede pagar y no poder usar. Es el tramo más poblado del mapa.

Habilidades ¿Sabe usar más allá de lo que la pantalla ofrece por defecto?
Ilustración: un grupo de siluetas trabaja junto a un camino que sube; unas buscan con una lupa, otras filtran formas por un embudo y arriba dos arman un arco de colores entre las dos.

Qué la reduce

Se reduce con aprendizaje acompañado y permiso para equivocarse.

En una línea

El acceso se entrega; la competencia se construye. Y es la brecha que más se disimula, por eso la que más se diagnostica de más y de menos.

Cómo se ve en la vida real

  • Lautaro Guzmán, de 18 años, de Posadas, edita videos con transiciones que marean y maneja tres redes a la vez, pero en su primer empleo no pudo adjuntar un PDF a un correo formal: es veloz para todo lo que consume y torpe para casi todo lo que produce.
  • Susana Ibarra, de 48 años, de General Roca, creció escuchando que las máquinas eran cosa del hermano y todavía pide en el trabajo que le «pongan» las cosas en la pantalla: aprendió antes que nada que eso no era para ella, y nadie le discutió esa idea a tiempo.

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Tiempo ¿Hay horas disponibles para explorar y aprender?
Ilustración: personas amontonadas entre relojes, papeles y despertadores en una cueva; del otro lado del puente, alguien trabaja tranquilo bajo un reloj y un calendario ordenado.

Qué la reduce

Se reduce reconociendo el tiempo de aprendizaje dentro de la jornada.

En una línea

La competencia digital se paga en horas, y las horas libres son el recurso peor distribuido de todos.

Cómo se ve en la vida real

  • Miguel Arce, de 43 años, de Rafaela, sale de la fábrica y entra al Uber: el curso de manejo de stock que le recomendaron es virtual, gratuito y a su ritmo, pero a su ritmo significa a las once de la noche, y a esa hora hace seis años que Miguel no aprende nada.
  • Lorena Toledo, de 36 años, de Bariloche, trabaja seis horas, cuida a la madre y lleva la casa; el marido dice que él tiene más maña para la billetera virtual, y la maña del marido se llama horas: las que ella pone en la casa mientras él prueba.

Las del saber usar · Situaciones basadas en la vida real de personas reales; los nombres y los contextos fueron cambiados por privacidad.

Producción ¿Para qué se usa lo que se tiene?
Ilustración: en una cueva, varias personas miran videos en sus teléfonos entre papeles tirados; al otro lado del puente, dos trabajan con monitor, cámara e impresora produciendo material propio.

Qué la reduce

Se reduce mostrando y valorando los usos que abren puertas.

En una línea

No es un problema de acceso ni de destreza: es un problema de sentido, y el sentido se construye viendo a otros.

Cómo se ve en la vida real

  • Stella Juárez, de 54 años, cocinera en San Luis, usaba el teléfono para las novelas y los jueguitos hasta que vio a otra cocinera pedir la mercadería, cobrar y reclamar una factura desde la misma pantalla: la misma pantalla cambió de función el día que vio a otra usarla distinto.
  • Diego Palacios, de 31 años, de Concepción del Uruguay, terminó un curso de edición de video y tiene en el bolsillo todo lo necesario para facturar con eso, pero las horas de pantalla se le van en vivos y apuestas: tiene la herramienta, tiene la destreza y no tiene el para qué.

Las del saber usar · Situaciones basadas en la vida real de personas reales; los nombres y los contextos fueron cambiados por privacidad.

Exploración ¿Explora, o se queda en la configuración por defecto?
Ilustración: en la penumbra, varias personas reciben pasivamente lo que la pantalla les ofrece; enfrente, dos exploran un mapa, un buscador y una brújula sobre un escritorio con libros abiertos.

Qué la reduce

Se reduce autorizando y contagiando la exploración sin miedo.

En una línea

«¿Esto no se podrá hacer mejor?» es una disposición aprendida, no un rasgo de carácter. Y como toda disposición aprendida, se enseña.

Cómo se ve en la vida real

  • Claudio Herrera, de 47 años, fletero en San Martín, usa la aplicación de mapas todos los días desde hace cinco años y paga cada peaje que la aplicación sabe evitar: en cinco años nunca abrió el menú de configuración, porque el mapa «ya funciona» y tocar lo que funciona da miedo.
  • Valeria Funes, de 29 años, de Alta Gracia, usaba las plataformas como venían hasta que una compañera le mostró el gesto de desuscribirse: el día que se dio de baja de veinte canales la aplicación empezó a trabajar para ella, y esa misma lógica de depurar la terminó aplicando a las carpetas del trabajo.

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Billetera ¿Accede a la versión potente de la herramienta, o a la recortada?
Ilustración: a la izquierda, una billetera vacía tachada y dos personas mirando el teléfono con un frasco de monedas; a la derecha, alguien trabaja con la versión completa, todo verificado y en verde.

Qué la reduce

Se reduce con acceso colectivo: licencias compartidas en vez de tarjetas individuales.

En una línea

Dos personas igualmente competentes no compiten en igualdad: la primera razona con un asistente de otra categoría.

Cómo se ve en la vida real

  • Ivana Gutiérrez, de 33 años, diseñadora freelance en Mar del Plata, cotiza los mismos trabajos que dos estudios que pagan la versión de punta: su herramienta gratuita se queda sin cupo a mitad de una entrega y baja a un modelo peor justo cuando más lo necesita.
  • Mónica Farías, de 44 años, dueña de una distribuidora en Formosa, tiene la plata y la decisión tomada, pero no tarjeta internacional: tiene el dinero y no tiene el instrumento, y la suscripción terminó a nombre de un sobrino de Buenos Aires.

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Las del diálogo con la IA

Brechas 17 a 20

Pedir y dudar: la entrada y la salida de la herramienta nueva.

Lenguaje ¿Encuentra las palabras para pedir lo que necesita y puede leer entero lo que recibe?
Ilustración: una persona sentada frente a un cuaderno abierto ordena piezas sueltas de colores que salen de una nube de datos y las convierte en una construcción firme; al fondo, una llave dorada gigante junto a un arco.

Qué la reduce

Se reduce cultivando la lengua completa: claridad, precisión, estructura, lectura paciente.

En una línea

La IA devuelve mucho a quien le pide con precisión y poco a quien le pide mal. Y la herramienta más potente de la época tiene formato de lectura larga.

Cómo se ve en la vida real

  • Ester Gauna, de 62 años, cocinera en Famaillá, quiere preguntarle a la IA por la pensión que le correspondería a su marido enfermo, pero escribe «necesito ayuda del gobierno» porque no sabe cómo se llama lo que busca: sabe exactamente lo que necesita y no encuentra las palabras para pedirlo.
  • Cintia Vallejos, de 28 años, vende propiedades en Puerto Madryn y le pide a la IA «un texto para publicar un departamento», así, sin metros, sin barrio, sin a quién: recibe generalidades que no sirven y ya avisó en la oficina que eso no funciona; le pide poco, recibe poco y le echa la culpa a la herramienta.

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Sospecha ¿Duda de un texto fluido y convincente?
Ilustración: una figura examina con lupa las piezas de un rompecabezas sobre una balanza, apoyada en una pila de libros abiertos; al otro lado de la grieta, otra sostiene una pieza que se deshace entre signos de pregunta y alerta.

Qué la reduce

Se reduce entendiendo cómo funciona el sistema y por qué inventa.

En una línea

Un sistema que responde cualquier cosa con seguridad absoluta es peligroso sobre todo para quien no aprendió a dudar.

Cómo se ve en la vida real

  • Fernando Aguilera, de 45 años, contador en San Francisco, respondió una intimación citando el número y el texto de una resolución que la IA le redactó con total aplomo: la resolución no existía, y citó con total confianza una norma que ninguna base de datos conoce.
  • Zulma Paredes, de 52 años, de Añatuya, le pregunta a la IA por las dosis de los remedios y anota lo que salga: en su casa lo escrito tuvo siempre autoridad, la maestra, el boletín, el papel del médico, y nadie le enseñó a dudar de nada que venga escrito con seguridad.

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Conocimiento ¿Tiene con qué resolver la sospecha, o solo con qué sospechar?
Ilustración: a un lado, personas entre papeles sueltos y signos de pregunta miran sus teléfonos; al otro, alguien trabaja frente a un esquema ordenado, con una biblioteca llena y libros abiertos sobre la mesa.

Qué la reduce

Se reduce con formación de fondo: no hay atajo.

En una línea

La IA emparejó la superficie de lo que producimos. Lo único que sigue distinguiendo a las personas es el fondo, y el fondo es lo que cada quien sabía de antes.

Cómo se ve en la vida real

  • Julián Barrera, de 29 años, de Ezeiza, presentó a un concurso municipal un proyecto que la IA le redactó con estructura y tono profesional, indistinguible del de los otros finalistas: el documento era impecable hasta que alguien le preguntó por qué, y en la defensa oral no pudo sostener ni una de las decisiones que el texto daba por suyas.
  • Gladys Moyano, de 49 años, empleada de comercio en Malargüe, le pidió a la IA que le revisara la liquidación final cuando cerró el negocio, y algo en el número le sonó raro: sospechó, releyó, volvió a preguntar, pero sin saber de recibos ni de convenios la sospecha no tiene con qué resolverse, así que dudó, se quedó en la duda y firmó igual.

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Engaño ¿Reconoce la estafa bien escrita y el contenido sintético?
Ilustración: en la zona oscura, mensajes con anzuelos, códigos QR y alertas rodean a personas que miran el teléfono; cruzando el puente, otras trabajan entre escudos, verificaciones y perfiles confirmados.

Qué la reduce

Se reduce verificando identidades, no solo información.

En una línea

Aprendimos a desconfiar del mensaje mal escrito. La IA se encargó de que todos los mensajes estén bien escritos.

Cómo se ve en la vida real

  • Rodolfo Insaurralde, de 71 años, de Curuzú Cuatiá, recibió un audio del hijo pidiendo una transferencia urgente para salir de un problema y no lo dudó, porque era la voz del hijo, con sus pausas y su tonada: la voz era la del hijo, pero el hijo dormía a dos cuadras, y los segundos de audio salieron de sus propios estados de WhatsApp.
  • Alicia Domínguez, de 66 años, de Chivilcoy, revisaba las faltas de ortografía como le habían enseñado sus hijos, pero el correo del «banco» llegó impecable, con logo perfecto, su nombre completo y el tono exacto de las notificaciones verdaderas: el único detector que tenía era la ortografía, y la ortografía ahora es perfecta.

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Las del resultado

Brechas 21 y 22

No se ven frente a la pantalla. Se ven en la vida, meses después.

Trámites ¿Puede ejercer sus derechos cuando el mostrador es una pantalla?
Ilustración: un camino claro conduce hacia una puerta abierta rodeada de pantallas y formularios; a un costado, detrás de una valla de obra, dos personas quedan afuera del camino.

Qué la reduce

Se reduce acompañando presencialmente lo digitalizado.

En una línea

La digitalización convirtió la competencia digital en condición de ciudadanía. Quien no puede operar el sistema no perdió comodidad: perdió ciudadanía efectiva.

Cómo se ve en la vida real

  • Mercedes Luna, de 67 años, de Saladas, va al hospital a las cinco de la mañana como toda la vida, pero la cola ya no existe: los turnos se abren a las seis en una aplicación que no sabe abrir, y cuando la vecina le presta las manos, a las seis y cuarto, los cupos del traumatólogo ya volaron.
  • Emilio Vargas, de 81 años, de Recreo, cobró la jubilación toda la vida con el documento en la mano: ahora la fe de vida se hace con reconocimiento facial desde un teléfono, la cámara no lo toma con la luz de su cocina, y el sistema que tiene que comprobar que está vivo es el único que no lo ve.

Las del resultado · Situaciones basadas en la vida real de personas reales; los nombres y los contextos fueron cambiados por privacidad.

Independencia ¿Usa la herramienta para pensar más, o para dejar de pensar?
Ilustración: de un lado, personas que reciben textos ya hechos entre signos de pregunta; del otro, alguien trabaja con la pantalla verificada y otra persona revisa en papel lo que va a firmar.

Qué la reduce

Se reduce con el principio que ordena este libro: primero lo puramente humano.

En una línea

No separa a quienes tienen herramientas de quienes no. Separa a quienes las usan para poder cada vez más de quienes las usan para poder cada vez menos.

Cómo se ve en la vida real

  • Nicolás Bordón, de 27 años, redactor en una agencia de Córdoba, hace dos años que entrega textos que la IA escribe entera y él apenas retoca: la tarde en que se cayó el servicio y había que sacar una gacetilla urgente se quedó frente al documento en blanco, porque el día que la herramienta no estuvo, no estuvo tampoco lo que él sabía hacer.
  • Leandro Villegas, de 33 años, de Zapala, hace un año que el asistente le redacta todo, del reclamo a la prepaga al saludo de cumpleaños: el fin de semana que se quedó sin conexión tuvo que escribir un pésame a mano y descubrió que ya no tenía palabras propias para las cosas que importan.

Las del resultado · Situaciones basadas en la vida real de personas reales; los nombres y los contextos fueron cambiados por privacidad.

Craig, D. F. (2026). BRECHAS en tecnologías digitales: 22 formas encadenadas de una misma desigualdad. Licencia Creative Commons de libre distribución; el autor autoriza expresamente la reproducción de este mapa con fines educativos o comunitarios, citando la fuente. Libro completo y aplicación IAMD en craig.ar/brechas

101 situaciones

La brecha, con nombre y apellido

La edición 2026 incorpora ciento una situaciones concretas repartidas entre las veintidós formas. Están basadas en la vida real de personas reales; los nombres y los contextos fueron cambiados por privacidad.

Anexo de la edición 2026

Siete brechas nuevas
de la IA agéntica

Las veintidós formas describen la distancia entre una persona y una herramienta que ella usa. La IA agéntica cambia el verbo: la persona ya no usa, encarga y autoriza. Van numeradas aparte porque son, todavía, brechas en formación: se nombran para poder mirarlas, no para darlas por establecidas.

A1

Permiso

Entregar accesos, no tareas

La brecha de la IA generativa se paga en palabras; la de la agéntica se paga en llaves. Divide a quienes entienden la diferencia entre un permiso de lectura y uno de escritura, y pueden revocarlo mañana, de quienes entregan todo sin saberlo porque la pantalla les pidió aceptar.

Rosa Medina, de 66 años, de Ciudad de Buenos Aires, tocó aceptar tres veces para que un asistente le ordenara el correo; recién con el resumen de la tarjeta descubrió que en una de esas pantallas también le había entregado el acceso al medio de pago.

A2

Especificación

Encargar en lugar de pedir

Pedir un texto admite corrección: se lee lo que vino y se pide de nuevo. Encargar un objetivo no, porque el sistema ya actuó. Es la primera brecha del mapa que premia, de manera bastante directa, haber tenido gente a cargo.

Martín Soria, de 21 años, comerciante en Río Cuarto, le encargó a un agente reclamar las entregas atrasadas: el sistema intimó por correo a sus veinte proveedores, incluidos los tres que le fían desde hace años; encargó un objetivo sin haber definido los límites.

A3

Supervisión

Verificar el proceso, no el producto

El resultado puede ser correcto y el camino, desastroso. Verificar un agente es auditar pasos, y los pasos son invisibles por diseño. Quien más precisa la ayuda del agente es quien menos puede seguirle el rastro.

Nélida Paz, de 30 años, de Salta, recibió puntual el turno médico que el agente le consiguió; nunca supo que en el camino el sistema compartió su historia clínica con una plataforma que ella no conoce. El resultado era correcto; el proceso, invisible.

A4

Interrupción

Frenar, deshacer, revertir

Un error de la IA generativa cuesta un párrafo. Uno de la agéntica manda el correo, paga la factura, borra la carpeta. Es la brecha 8, Organización, elevada a condición de seguridad: sin respaldo no hay deshacer, y sin deshacer autorizar a un agente es apostar.

Jorge Luna, de 35 años, de Berazategui, vio en la pantalla que el agente estaba pagando dos veces la misma factura y no encontró dónde frenarlo: sin freno y sin copia de respaldo, deshacer no era una opción, era una esperanza.

A5

Infraestructura

Tener dónde ponerlo a trabajar

Quien tiene la vida en papel, el negocio en un cuaderno y los turnos en la cabeza no tiene dónde ponerlo a trabajar, y no por falta de habilidad sino por falta de superficie. Durante veinte años la brecha material fue el dispositivo; acá pasa a ser el ecosistema.

Dora Benítez, de 28 años, vende comida en Posadas con los pedidos en un cuaderno y los precios en la cabeza; el agente que le instaló su sobrino lleva un mes sin nada que hacer: no hay calendario que leer, ni archivos que ordenar, ni cuenta sobre la que actuar.

A6

Responsabilidad

Quién responde y con qué registro

Si el agente actuó en mi nombre, el resultado es mío. La pregunta práctica es con qué me defiendo cuando el resultado es malo, y eso depende del registro, que está desigualmente repartido.

Aníbal Roldán, de 43 años, monotributista en San Juan, reclamó por un impuesto que su asistente pagó mal; la empresa le mostró el registro de que él había autorizado la operación, y él no tenía nada para mostrar del otro lado.

A7

Costo variable

Presupuestar incertidumbre

El agente cobra por lo que consume y consume según lo que se le encarga. No es una desigualdad de precio sino de tolerancia: convierte el uso profundo en un privilegio de quien puede equivocarse pagando.

Paula Vera, de 34 años, diseñadora en Neuquén, deja al agente trabajando toda la noche porque puede absorber una factura que llegue triplicada; su colega, que no puede, encarga poco, pide menos y obtiene menos con la misma herramienta.

«Ninguna de estas siete formas es un argumento contra los agentes. Son la lista de lo que hay que tener resuelto antes de darles la llave.» Cierre del anexo
Para llevarse

Ocho frases del libro

«La IA emparejó la superficie de lo que producimos. Lo único que sigue distinguiendo a las personas es el fondo, y el fondo es lo que cada quien sabía de antes.»
Brecha 19 · Conocimiento
«Aprendimos a desconfiar del mensaje mal escrito. La IA se encargó de que todos los mensajes estén bien escritos.»
Brecha 20 · Engaño
«Para millones de personas, estar conectado no es una condición sino una racha: dura lo que dura la batería, la pantalla o la recarga.»
Brecha 2 · Mantenimiento
«La atención no es una virtud del carácter: es un recurso material, y como todo recurso, está peor repartido entre quienes menos tienen.»
Brecha 9 · Atención
«Hacerle las cosas a un mayor es ayudarlo hoy. Enseñarle despacio, dejándolo tocar, equivocarse y repetir, es ayudarlo para siempre.»
Brecha 11 · Delegación
«La competencia digital se paga en horas, y las horas libres son el recurso peor distribuido de todos.»
Brecha 13 · Tiempo
«La tecnología nueva llega siempre primero a donde menos falta hacía, y ensancha la distancia antes de, eventualmente y quizás, reducirla.»
Brecha 4 · Conectividad
«La brecha final no se mide en lo que la persona tiene ni en lo que la persona usa. Se mide en lo que la persona todavía puede hacer el día que la herramienta no está.»
Brecha 22 · Independencia
Aplicación gratuita

El IAMD mide personas,
no países ni empresas

El libro nombra y ordena las veintidós formas, pero el diagnóstico de cada situación queda en manos del lector. El Índice de Adaptación al Mundo Digital hace ese trabajo y lo devuelve en un número.

  • Unos ocho minutos, desde el teléfono y sin instalar nada.
  • Dice en qué eslabón de la cadena está parada la persona y cuál conviene atender primero.
  • Devuelve tres cosas concretas para empezar a hacer mañana.
  • Sirve para uso propio, para pasarlo a un curso o para acompañar a un familiar.
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El libro está pensado para circular. No hay versión recortada ni contenido reservado: lo que se descarga es la obra completa.

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Cómo citarlo

Norma APA, 7.ª edición:

Craig, D. F. (2026). BRECHAS en tecnologías digitales: 22 formas encadenadas de una misma desigualdad. https://craig.ar
Para proyectar en una charla o pegar en una cartelera:
este código lleva a craig.ar/brechas

Licencia y permisos

El libro se publica con licencia Creative Commons de libre distribución. Se puede reproducir siempre que no tenga un propósito comercial o lucrativo y que se cite siempre la fuente, indicando autor y título de la obra.

El autor autoriza además de manera expresa la reproducción del mapa de las 22 formas con fines educativos o comunitarios.

Esta página también cumple

La primera de las cuatro medidas que propone el cierre del libro es producir todo contenido digital de manera que cualquiera pueda usarlo. Acá eso significa: texto que es texto y no una foto de un texto, contraste suficiente, letra que se puede agrandar, descripciones en todas las imágenes, navegación completa por teclado y animaciones que se apagan solas si el sistema pide movimiento reducido.

Quién lo escribe

Diego F. Craig,
desde Corrientes

Retrato de Diego F. Craig.

«Vivo y trabajo en Corrientes, en el nordeste argentino, una de las regiones donde la brecha no es un concepto de manual sino una experiencia diaria.»

Doy clases y formo docentes, y ese oficio me puso durante años frente a un desfile de casos que ningún relevamiento captura. Pero lo que veo en el aula lo veo también en la fila del banco, en la casa de mis padres, en el grupo de WhatsApp del barrio. La brecha no es un problema educativo: es un problema de personas, de todas las edades y todos los oficios, y así la voy a tratar.

Con prólogo de Diego Nicolás Jensen

«El autor explica y fundamenta, con acierto, que la inteligencia artificial no ha reemplazado la necesidad de una sólida educación clásica. Por el contrario, cuanto mayor sea la formación, la capacidad de razonamiento, el pensamiento crítico y el dominio del lenguaje de una persona, mejores serán las preguntas que pueda formular y más provechosas las respuestas que obtenga de estas nuevas herramientas.»

Antes de que preguntes

Preguntas frecuentes

¿Es realmente gratis? ¿Hay que registrarse?

Sí, es gratis, y no hay que registrarse. El botón de descarga baja el PDF completo, las 102 páginas, directo desde este servidor. No hay formulario, no se pide el correo, no hay lista a la que sumarse ni cuenta que crear.

Sería incoherente cobrar en datos personales un libro sobre desigualdad digital.

¿Puedo compartirlo, imprimirlo o usarlo en clase?

Sí. El libro se publica con licencia Creative Commons de libre distribución: se puede reproducir siempre que no sea con fin comercial o lucrativo y que se cite la fuente, indicando autor y título.

El autor autoriza además de manera expresa la reproducción del mapa de las 22 formas con fines educativos o comunitarios, «porque está pensado para circular».

¿Qué es el IAMD y en qué se diferencia del libro?

El IAMD, Índice de Adaptación al Mundo Digital, es la aplicación web gratuita que acompaña al libro. Es un cuestionario de unos ocho minutos que se responde desde el teléfono, sin instalar nada.

El libro nombra y ordena las veintidós formas; el diagnóstico de cada situación particular queda en manos del lector. El IAMD hace ese trabajo y lo devuelve en un número, con las brechas resueltas, la primera que conviene atender y tres cosas para empezar mañana. A diferencia de otros índices de nombre parecido, el IAMD mide personas, no países ni empresas.

¿Es un libro académico o de divulgación?

Las dos cosas. El argumento se apoya en dos tradiciones de investigación (los niveles de la brecha digital de van Dijk, van Deursen, Hargittai y Ragnedda, y los estudios latinoamericanos de apropiación de Winocur y Cabello) y cierra con una bibliografía completa.

Pero está escrito para leerse sin formación previa, y cada capítulo trae situaciones concretas de personas reales, con los nombres y contextos cambiados por privacidad.

¿Hay que leerlo entero y en orden?

Cada brecha se sostiene sola y puede leerse por separado. Pero el argumento completo, el que afirma que estas desigualdades son formas de una misma cosa, solo se ve al recorrerlas en orden.

El autor le pide al lector apurado que al menos respete el orden de la brecha 17 en adelante.

¿El diagnóstico de esta página guarda mis respuestas?

No. Las veintidós preguntas se responden en el navegador y nada se envía a ningún servidor. No hay cookies, ni analítica del cuestionario, ni almacenamiento: al recargar la página, las respuestas desaparecen.