Anexo de la edición 2026
Siete brechas nuevas
de la IA agéntica
Las veintidós formas describen la distancia entre una persona y una herramienta que ella usa.
La IA agéntica cambia el verbo: la persona ya no usa, encarga y autoriza. Van numeradas aparte
porque son, todavía, brechas en formación: se nombran para poder mirarlas, no para darlas por
establecidas.
A1
Permiso
Entregar accesos, no tareas
La brecha de la IA generativa se paga en palabras; la de la agéntica se paga en llaves. Divide a quienes entienden la diferencia entre un permiso de lectura y uno de escritura, y pueden revocarlo mañana, de quienes entregan todo sin saberlo porque la pantalla les pidió aceptar.
Rosa Medina, de 66 años, de Ciudad de Buenos Aires, tocó aceptar tres veces para que un asistente le ordenara el correo; recién con el resumen de la tarjeta descubrió que en una de esas pantallas también le había entregado el acceso al medio de pago.
A2
Especificación
Encargar en lugar de pedir
Pedir un texto admite corrección: se lee lo que vino y se pide de nuevo. Encargar un objetivo no, porque el sistema ya actuó. Es la primera brecha del mapa que premia, de manera bastante directa, haber tenido gente a cargo.
Martín Soria, de 21 años, comerciante en Río Cuarto, le encargó a un agente reclamar las entregas atrasadas: el sistema intimó por correo a sus veinte proveedores, incluidos los tres que le fían desde hace años; encargó un objetivo sin haber definido los límites.
A3
Supervisión
Verificar el proceso, no el producto
El resultado puede ser correcto y el camino, desastroso. Verificar un agente es auditar pasos, y los pasos son invisibles por diseño. Quien más precisa la ayuda del agente es quien menos puede seguirle el rastro.
Nélida Paz, de 30 años, de Salta, recibió puntual el turno médico que el agente le consiguió; nunca supo que en el camino el sistema compartió su historia clínica con una plataforma que ella no conoce. El resultado era correcto; el proceso, invisible.
A4
Interrupción
Frenar, deshacer, revertir
Un error de la IA generativa cuesta un párrafo. Uno de la agéntica manda el correo, paga la factura, borra la carpeta. Es la brecha 8, Organización, elevada a condición de seguridad: sin respaldo no hay deshacer, y sin deshacer autorizar a un agente es apostar.
Jorge Luna, de 35 años, de Berazategui, vio en la pantalla que el agente estaba pagando dos veces la misma factura y no encontró dónde frenarlo: sin freno y sin copia de respaldo, deshacer no era una opción, era una esperanza.
A5
Infraestructura
Tener dónde ponerlo a trabajar
Quien tiene la vida en papel, el negocio en un cuaderno y los turnos en la cabeza no tiene dónde ponerlo a trabajar, y no por falta de habilidad sino por falta de superficie. Durante veinte años la brecha material fue el dispositivo; acá pasa a ser el ecosistema.
Dora Benítez, de 28 años, vende comida en Posadas con los pedidos en un cuaderno y los precios en la cabeza; el agente que le instaló su sobrino lleva un mes sin nada que hacer: no hay calendario que leer, ni archivos que ordenar, ni cuenta sobre la que actuar.
A6
Responsabilidad
Quién responde y con qué registro
Si el agente actuó en mi nombre, el resultado es mío. La pregunta práctica es con qué me defiendo cuando el resultado es malo, y eso depende del registro, que está desigualmente repartido.
Aníbal Roldán, de 43 años, monotributista en San Juan, reclamó por un impuesto que su asistente pagó mal; la empresa le mostró el registro de que él había autorizado la operación, y él no tenía nada para mostrar del otro lado.
A7
Costo variable
Presupuestar incertidumbre
El agente cobra por lo que consume y consume según lo que se le encarga. No es una desigualdad de precio sino de tolerancia: convierte el uso profundo en un privilegio de quien puede equivocarse pagando.
Paula Vera, de 34 años, diseñadora en Neuquén, deja al agente trabajando toda la noche porque puede absorber una factura que llegue triplicada; su colega, que no puede, encarga poco, pide menos y obtiene menos con la misma herramienta.